Cómo afecta el cáncer a familiares y amigos cercanos

El cáncer es una de las enfermedades más difíciles de afrontar por sus connotaciones, a pesar de que con los tratamientos actuales la mayoría de los afectados logra curarse. Pero además del sufrimiento que supone para el propio paciente, también afecta, y mucho, al entorno cercano de familiares y amigos. Es tan importante que, en la actualidad, los profesionales de salud “los consideran como un paciente de segundo orden y se los incluye en la atención terapéutica”.

Según Pepi Soto i Mora, jefa del departamento de Psicooncología de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en Cataluña, el cáncer repercute de forma negativa en las siguientes esferas:

Afecta a nivel emocional. El entorno familiar sufre por el enfermo, se preocupa, está nervioso. Las emociones más frecuentes que se dan en los distintos miembros de la familia son desde ansiedad hasta síntomas depresivos. Una preocupación sostenida, sin el soporte terapéutico adecuado, puede desembocar en un trastorno afectivo o depresivo.

Por último, el cáncer sigue afectando a los familiares cuando el proceso no resulta bien y termina en fallecimiento. Cuando parece que el sufrimiento se ha acabado, los familiares se quedan con  el duelo “que es necesario atender”, insiste la psicooncóloga.

Siete recomendaciones para el cuidador del enfermo de cáncer

Para disminuir el impacto de la enfermedad en los cuidadores familiares, la psicooncóloga recomienda dos acciones relevantes.

Primero, pedir ayuda: si uno se da cuenta de que está en una situación que le desborda, lo mejor es reconocerlo y solicitar ayuda a la familia, al médico, la enfermera o al psicólogo de referencia.

La segunda es prevenir, y que se puede favorecer teniendo en cuenta diversos consejos, entre los que destacan como más relevantes los siguientes:

  • Compartir y comunicar con la familia o con el entorno cercano, o con el propio enfermo, qué se siente y cómo.
  • Descansar. Cuando se está acompañando hay que tomar conciencia de la importancia de descansar, de cuidarse para cuidar.
  • Realizar actividad física, sobre todo durante los ingresos hospitalarios. Hay que reservarse un tiempo para salir a pasear, correr, etc., hacer aquella actividad física a la que uno estaba acostumbrado.
  • Organizarse el tiempo. Cuando se cuida a un enfermo, se incrementa el nivel de responsabilidad y de carga. Por eso es fundamental aprender a priorizar (no todo es urgente ni importante), compartir responsabilidades y delegar, sobre todo las mujeres cuidadoras, que deberían tenerlo en cuenta antes de que aparezca una sobrecarga difícil de llevar.
  • Evitar el aislamiento. Estas situaciones provocan que el cuidador abandone su vida social y sus relaciones y se cierre en sí mismo.
  • Poner límites. Cuando se cuida a otra persona hay que aprender a poner límites, incluso, al propio enfermo que, a veces, puede demandar en exceso. Y, si la situación se hace insostenible, buscar ayuda profesional que colabore en la tarea del cuidado.
  • Pedir soporte psicológico.

Articulo publicado en el Diario “El Económico”  25/11/2016  www.eleconomico.es

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