La salud sexual es un indicador del grado de bienestar de cualquier persona en los distintos planos de su vida.

Las relaciones sexuales son, todavía, un tema tabú difícil de tratar en muchos ámbitos. La práctica satisfactoria del sexo es un indicador de que una persona se encuentra bien y de que es capaz de disfrutar de esta faceta de su vida. Y, al revés, su ausencia puede señalar que el afectado no se encuentra en condiciones óptimas tanto en el plano físico como en el emocional.

La salud sexual puede verse amenazada por diversas causas físicas, como lesiones en la espalda o el consumo de sustancias adictivas, deficiencias hormonales y, en el hombre, un aumento del tamaño de la próstata o un deficiente flujo sanguíneo. Entre la lista de problemas que pueden mermar la calidad de la vida sexual el más representativo entre los hombres es la disfunción eréctil y, entre las mujeres, la ausencia de libido o deseo sexual.

A estos problemas sexuales cabe añadir otros como la aversión sexual, alteraciones de la excitación sexual o en el orgasmo o dolor durante las relaciones sexuales (dispareunia), común en las mujeres que han entrado en la menopausia y sufren sequedad vaginal.

La atención a los problemas de salud sexual en la consulta del ginecólogo o el andrólogo se puede abordar desde el punto de vista orgánico de múltiples formas. Estos profesionales descartan la existencia de las posibles patologías orgánicas previas que hayan podido provocarlos. Pero, cuando algo no marcha bien en esta esfera vital, también es conveniente consultar a un psicólogo experto en sexualidad o sexólogo, puesto que puede haber otros factores psicológicos o sociales que estén interfiriendo en la salud sexual. No hay que olvidar que el consumo de antidepresivos y ansiolíticos en la edad media de la vida es muy alto en España y se sabe que estos fármacos relajan o tranquilizan a la persona afectada en todos los sentidos y, por lo tanto, también calman su deseo sexual.

Al margen de los factores psicológicos que pueden influir en la salud sexual, preocupaciones como la incertidumbre socioeconómica actual (por problemas laborales y económicos) también dificultan a las parejas encontrar el equilibrio para disfrutar de su vida sexual.

Para disfrutar de la sexualidad, es imprescindible evitar la monotonía y el aburrimiento en la pareja con un cambio de actitud. Las parejas más jóvenes deben seguir su propio ritmo, sin dejarse influir por la presión del grupo, de sus iguales. El sexo requiere un aprendizaje y cada hombre o mujer debe seguir su propio ritmo, que debe ser acorde a su madurez. La sexualidad está por encima de la genitalidad, de manera que las relaciones sexuales no tienen por qué ser siempre coitales. La sexualidad no tiene edad y también se puede disfrutar de ella de mayor.

Articulo publicado en el Diario “El Económico”  22/04/2016  www.eleconomico.es

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