Muchas veces, cuando echamos la vista atrás, nos damos cuenta de que nos complicamos demasiado. ¡Con lo fácil que podría ser la vida si la simplificáramos!

Según los rasgos de personalidad podemos determinar un perfil de las personas a las que les cuesta simplificar la vida. En este sentido, las personas con un alto grado de ansiedad, con dificultades en la toma de decisiones, reflexivas (o introspectivas), evitativas, y con un elevado nivel de negativismo, tienden a complicarse la vida, muchas veces como consecuencia del miedo e inseguridad que presentan a la hora de tomar decisiones. El estilo cognitivo hace referencia a la forma en que interpretamos el mundo.

Quien no simplifica su vida tiende a lamentarlo. La incapacidad para simplificar los problemas y las decisiones suele pasar una costosa factura emocional y social. La ansiedad y el estrés son las principales consecuencias que sufren las personas que se complican demasiado la existencia, porque viven una constante incertidumbre e insatisfacción. Esta situación emocional

va desgastando día a día, por lo que es frecuente que desarrollen enfermedades físicas (hipertensión, problemas digestivos, dolores musculares, insomnio, cefaleas, etcétera) o trastornos mentales (ansiedad, depresión…), fruto del agotamiento.

Las relaciones interpersonales son otra faceta de la vida que resulta perjudicada por la falta de simplicidad. Por lo general, las personas que no simplifican le dan demasiadas vueltas a la cabeza llegando a agotar a los demás, que muchas veces se

cansan de convivir con alguien tan indeciso. Finalmente, el plano laboral también suele verse afectado en este tipo de personas. La dificultad para tomar decisiones, las dudas constantes que les asaltan, o el hecho de que todo se les haga cuesta arriba, les limita a la hora de desempeñar determinados trabajos donde se requiere una mente rápida y práctica.

Consejos para simplificar tu vida: Anota en un papel de forma objetiva lo que está ocurriendo.

— Valora si la situación realmente te afecta tanto como para tener que darle demasiadas vueltas para resolverlo. Si no es así, para ya. Bastante estrés provoca la vida como para que tú te compliques con temas irrelevantes. Debes aprender a dar la importancia justa y relativa a cada cosa. Solo si consideras que el asunto realmente es importante, continúa con los siguientes pasos del proceso.

— Haz un listado con las opciones que tienes para resolverlo o abordarlo. Cuántas más, mejor. No olvides incluir aquellas opciones en las que cuentes con los recursos que otras personas te pueden ofrecer.

— Elige la opción más simple y que más te convenga. No te enredes pensando en qué le conviene más a otros, qué opción sería la ideal si tuvieras ese recurso del que careces, qué deberías hacer, etcétera.

Con las posibilidades reales que tienes, y de acuerdo a tus intereses, responde a esta sencilla pregunta: ¿qué es más fácil y efectivo para ti?

Articulo publicado en el diario «El Económico»  20/02/2015  www.eleconomico.es

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